Bitácora Etnografía- Salida de Campo
De prejuicios y etiquetas a lo real
“Ya
es tiempo de que los prejuicios acaben, de que la sociedad se establezca
sobre bases más sólidas, más naturales, más sabias, más justas y más nobles.”
-Pancho Villa
A veces
cuesta abrir nuestra mente y encaminarnos a lo desconocido…aún así, eso era lo
que quería. Quería ir a un sitio distinto y desconocido, por lo menos para mí.
Sentir que aprendí algo después de ir al sitio de la salida de campo y también
tener material para hacer una buena etnografía, entonces empecé a pensar en
distintos lugares, pero, ¿cuál sería el indicado? ¿Tenía que ser un lugar que
fuese de mi agrado, o por el contrario que fuera tan desconocido que me generara
una extraña sensación de incomodidad por esa misma característica? ¡Eso es!... Algo
espiritual. Después de todo me interesan los temas que tienen que ver con
cultura, religión y Dios.
—Amiga, ¿y si vas a una mezquita?, dijo
Valentina. Yo tengo el contacto de un chico que asiste a una…créeme que no te
vas a arrepentir.
—¿Será?, bueno no hay nada que
perder. Igual nunca he ido a una, y suena llamativo. Pásame su número.
Tomada de: Pixabay.
*Sucesos Previos
Y así empezó lo que sería una
pequeña inmersión en el Islam. Dos días en los que yo, una joven que se
considera “católica practicante”, nacida en el seno de una familia
completamente católica, interactuaría con personas de otra religión y que
aparte vivían en mi mismo país, Colombia. Whaaaaaat??? ¿Cómo será la vida de una
persona musulmana en uno de los diez países más católicos del mundo? Y no lo
digo yo, un listado emitido por la Santa Sede de los países con el mayor número
de católicos del mundo –según los registros de bautizos- lo encabeza Brasil,
con 172,2 millones de practicantes. Le siguen México (110,9 millones),
Filipinas (83,6 millones), Estados Unidos (72,3), Italia (58,0), Francia
(48,3), Colombia (45,3), España (43,3), República Democrática del Congo (43.2)
y Argentina (40,8).
Inicié a estructurar mi salida de campo alrededor
de preguntas como: ¿Es posible para hombres y mujeres que practican el Islam hacer
una inmersión completa en su practica religiosa en Colombia? ¿Ser minoría
influye en algo? ¿Puede alguien que no practica dicho credo participar de sus
actividades religiosas?. Sin embargo, quería saber principalmente si los
musulmanes de la mezquita a la que iría se comportaban de la misma manera
dentro los ritos y con la comunidad de la mezquita, que cuando estaban fuera de ella, “en el mundo exterior”.
Esas eran algunas de las preguntas que rodaban mi
cabeza. Pero no era lo único, luego llegaron los prejuicios. Debía escribirle a
Gian, el chico musulmán de la mezquita Al Qurtubi (nombre de la mezquita) a la
que se suponía que iría. Él sería mi “portero”, es decir, esa persona con la
que haría el primer contacto para ingresar en ese territorio nuevo y
desconocido del Islam.
No sabía cómo escribirle, pues sabía que quería
participar del rito principal que hacían una vez a la semana. Algo así como
para los católicos la misa,, ellos debían tener un momento así en la semana, o
eso pensé, y así fue. ¿Le podía decir rito, reunión, oración, culto? ¿y si al
escribirle usaba algún término para referirme al mismo con el que se sintiera ofendido?
¿y si resultaba ser un musulmán radical y ultraconservador con sus creencias?
De esas personas con las que toca tener cuidado con lo que dices porque sino estás en problemas. ¡¡¡Ayyy!!!, y ni pensar qué podría pasar cuando fuera al sitio,
¿qué tal que hiciera algo que su comunidad considerara inapropiado, por pura ignorancia de mi parte? ¿se cohibirían conmigo si les decía que compartía con ellos
para hacer un trabajo académico? Y peor aún ¿si les decía que yo practicaba
otro credo?¿Serían personas serias y poco abiertas al diálogo?
Fue entonces cuando el 3 de abril, luego de luchar
con mis suposiciones y prejuicios, y de reescribir alrededor aproximadamente cinco
veces ese primer mensaje, no si antes mandárselo a Valentina para que me dijera
que opinaba (pues ella ya conocía al chico y había ido a la mezquita) decidí
darle “enviar mensaje” al chat de Gian en Whatsaap.
Pantallazo primera conversación en Whatsapp-
Propiedad de Camila Mestra.
En su foto de perfil se veía bastante joven, y resultó
que un minuto después de haberle escrito ese primer mensaje, Gian me contestó
de manera muy respetuosa y amable, “Por supuesto…eres bienvenida”- dijo. Lo
primero que descubrí que esa celebración en el Islam equivalente a la misa en
el Catolicismo, se llama Kuthba, que significa “sermón del viernes”. Este rito no
se trata de un día sagrado, sino de un día en donde se hace un llamamiento a hacer
reflexión comunitaria. Más adelante daré detalles sobre la misma.
Posteriormente, en esa misma conversación le
pregunté si tenía alguna recomendación, o si debía ir vestida de alguna
manera en específico. Él me pidió que procurara no usar ropa escotada, que
usara ropa que cubriera mis brazos, el pecho
e igualmente las piernas, y que llevara una pashmina, pañuelo, o una bufanda
con la que puedas cubrirte todo el cabello al momento de ingresar a la mezquita.
*Día 1:
Con los sentidos y las expectativas al cien, llegó
el viernes 12 de abril. Ese día participaría de la Kuthba a la 1pm y duraría alrededor
de 50 minutos. Así que llegué al Centro de Estudios Islámicos y Mezquita Al
Qurtubi. Se llama así como homenaje a una de las más grandes eminencias del
Islam Sunita, el Imam Al Qurtubi. Un Imam es la persona que dirige la oración
colectiva en el Islam. Un guía de la comunidad.
Cuando llegué al sitio de la dirección que me había
dado Gian, noté que por fuera no parecía una mezquita como las que había visto
en internet o en uno que otro documental, un lugar con una cúpula en el techo y
una luna creciente en la punta de la misma, más bien era una casa grande de 3
pisos. Sus paredes externas eran blancas, el techo y detalles de la misma eran de color vino
tinto, y tenía rejas negras. Pero, dicha casa-Mezquita sí tenía algo diferente,
algo fuera de lo común, solo alguien que se acercara lo suficiente y fuera un
buen observador podría notar que todas las ventanas tenían decoraciones, tipo
stickers dorados, cuyas formas eran estrellas de 6 puntas, y diminutas mezquitas.
Centro de Estudios Islámicos y Mezquita Al Qurtubi por fuera-
Tomada por: Camila Mestra.
Iba a ingresar y recordé que Gian me había dicho
que las mujeres participaban de la Kuthba en la misma mezquita, pero en un
recinto aparte, así que me encaminé a buscar la puerta por donde entraban las
mujeres. Había cumplido con las recomendaciones de vestuario, y mientras me
acercaba a la puerta puse sobre mi cabeza un chal gris que llevaba para cubrir
mi cabello. No sabía si había una forma específica de ponérmelo así que simplemente
lo coloque y lo crucé en forma de equis alrededor de mi cabello (solo esperaba
que no me dijeran nada por habérmelo colocado así, no quería violar algún código
de vestido o de respeto).
Entrada de la mujeres a la mezquita-
Tomada por: Gian Jiménez.
Al timbrar allí, me abrió una jovencita, se
llamaba Rebeca. Luego me enteré que tenía 14 años. Efectivamente, sobre su
cabeza estaba el Jihab, perfectamente colocado este velo de tela ligera y fina.
Por ignorancia creemos que es de origen musulmán, y no, es tradicionalmente de
la cultura árabe. Mucho antes del Islam el Jihab ya existía. Más tarde una
señora o “hermana” de la comunidad, cuyo nombre no recuerdo, me explicaría que
el Jihab no es obligatorio de uso en las actividades diarias, pero si dentro de
la mezquita, y que este velo tiene que ver con la cultura de que ellas no
quieren llamar la atención, quieren pasar desapercibidas. Pero, que a su vez
disfrutan mucho al utilizarlo, pues se vuelve un accesorio de coquetería
propio, es por eso que se puede usar en diferentes diseños y colores a libertad
de la mujer que lo usa.
Rebeca me recibió cálidamente, pero a la vez bastante
tímida, y acto seguido me pidió que me quitara los zapatos para entrar al
cuarto donde estaban orando las mujeres. Así lo hice, y los dejé en un mueble,
que tenía repisas donde todas habían dejado ya sus zapatos.
Entré, y ahí me sentí realmente nerviosa. Estaba
de pie en la entrada del cuarto de oración y vi que las mujeres ya estaban
arrodilladas escuchando atentamente la reflexión que el Imam daba sobre la temática
y la Sura del Corán leída para ese día. Habían 12 mujeres, una niña pequeña y
yo. Algunas miraban expectantes y curiosas de saber quién era esa cara nueva.
Entonces me arrodille y miré atónita el sitio.
Era un cuarto rectangular, quizás de 5
mts de largo por 3 de ancho. Se percibía un sutil aroma floral en el recinto. El piso estaba cubierto con una alfombra suave de color azul aguamarina. Las paredes eran
amarillas pálidas y una de las más largas tenía una ventana que la recorría de
extremo a extremo, por donde entraba la brisa y la luz solar. El techo tenía 4
lámparas (todas estaban apagadas pues era de día), era bajo y blanco. Al fondo
y en una esquina de la pared, había una televisor plasma color negro por donde
se trasmitía en vivo la Kuthba que se desarrollaba en algún lugar alterno (que
no pude conocer) dentro esa misma mezquita, en donde solo estaban reunidos los hombres.
Luego de observar todo el cuarto, miré que a mi izquierda
estaba Rebeca y tras ella, una mujer muy sonriente y joven, me miraba. “Tu
eres Camila, ¿verdad? Gian me dijo que vendrías”- Me dijo en voz baja. Y así
conocí a Lorena, la mamá de Rebeca y la esposa del Imam que estaba dando la
reflexión.
Resulta que la Kuthba, como ya mencioné tiene un carácter
comunitario, y tiene un enfoque social. Allí generalmente se reflexiona entorno
a algún acontecimiento o problemática que vive la comunidad o alguno de sus
miembros. Sin exponer ninguna situación particular, se plantea un tema de
manera muy sutil con base a esa situación. Y así todos crecen y se acompañan como
comunidad y a nivel espiritual. La Kuthba tiene una primera parte que es introductoria
donde se leen 2 amonestaciones, ya sea una parte del Corán o una tradición profética
(parábola). La segunda parte es a modo de conclusión en donde se hace la
reflexión y la oración. La particularidad de la oración es que se hace en árabe,
y mientras e recitan unas frases del Corán, se hace una serie de 5 movimientos
específicos ( Takberat: Alzar las manos, significa dejar el mundo atrás, Quyam:
Estar de pie, Ruku: Inclinaciones o venias, Suyud: Postraciones, reconocer la
inmensidad de Dios y la pequeñez propia, y Taslim: Saludo final deseando paz y
misericordia de Dios a todos).
Lorena me explicó que las mujeres que están en su
periodo no son excluidas de la mezquita, ni de los momentos de oración. Es más,
asistir a la Kuthba es solo obligatoria para los hombres, pero si las mujeres
quieren participar lo pueden hacer, siempre y cuando sea en aquel cuarto propio
para ellas, y tampoco pueden participar de ese último momento en donde se hace
la oración final con los movimientos, pues están en un proceso de limpiarse a
si mismas. La razón de que estén separados hombres y mujeres para esos momentos
de oración, es porque se busca evitar cualquier tipo de distracción para ambos,
pues es un espacio especial e individual para Dios (Al-láh) y la persona.
Al finalizar la Kuthba, algunas mujeres se
acercaron a saludarme con su típico saludo de paz “Salam Aleikum” y me decían
hermana (de hecho entre ellas, y toda la comunidad se dicen hermano o hermana,
pues tienen un fuerte sentido de unidad y fraternidad). también me preguntaron
si iba por primera vez y por qué estaba allí. Yo les expliqué mi propósito, y ninguna
se mostró cerrada o a la defensiva, por el contrario estaban muy dispuestas a
resolver cualquier duda que tuviese.
Salí de la mezquita y conocí personalmente a Gian, y
otros de sus dos amigos más cercanos de allí. Los tres no superaban los 24 años
y solo uno de ellos tiene familia musulmana, los otros vienen de familias católicas.
La tensión del día se disipó (un poco de Rapport
funcionó) y finalizó con una larga charla de tres horas, en las cuáles ellos respondieron
a mis miles de preguntas en una cafetería cercana al lugar.
*Día 2
Llamó particularmente mi atención que los sábados fueran los días netamente para la formación de la comunidad. En las mañanas se
trabajaba con los niños con clases de Corán y Árabe básico, luego era el
almuerzo comunitario, y en las tardes eran las clases para los adultos. Fue así
como ese sábado 13 de abril, me encaminé para una clase de "Islam: sociedad,
cultura y análisis literario". La clase iba desde la 1pm hasta las 2:30pm. No
sabía nada de Islam y mucho menos había estado en una clase que tratara el
Islam en esas dimensiones.
A
diferencia de los momentos de oración, las clases eran mixtas, pero los hombres
debían hacerse en las primeras filas del salón y las mujeres atrás (me
explicaban que la razón era la misma, para mantener la concentración).
La clase se llevó a cabo en un salón que estaba
en el segundo piso de la casa, habían alrededor de 6 mujeres, incluyéndome, y 6
hombres, contando los dos profesores. Uno de ellos era Gian, y el otro era
Jonathan uno de sus amigos con los que habíamos estado dialogando el día
anterior.
El ingreso de hombres y mujeres era nuevamente sin
zapatos, y las mujeres debían llevar su Jihab puesta.
Así transcurrió la clase, los temas tenían que ver
con historia, lectura de algunos fragmentos del Corán relacionados con el tema
y coyuntura, ej: La guerra en Siria. La participación era abierta para todos y
todos podían hablar y preguntar. Como cualquier proceso académico, finalizó la
clase con su respectiva tarea, estudiar para el parcial de la próxima clase,
pues sí, tienen exámenes para analizar el avance y el entendimiento de los alumnos.
También debían ir formulando un proyecto con impacto y aplicabilidad social teniendo
en cuenta lo ya visto en clase.
La comunidad de Al Qurtubi, está comprometida con
el crecimiento espiritual y acádemico de sus miembros, y para ellos es fundamental
poder generar cambios y contribuir a la sociedad, no solo a su comunidad musulmana,
sino a su ciudad y su país.
Clase de Islam: Sociedad, cultura y análisis literarios-
Tomada por: Camila Mestra.
Cuando acabó la clase, conocí a Sherin una joven amiga
de Gian. Ella también estaba en la clase, en la misma mesa que yo, pero solo
hasta el final pudimos interactuar. Al igual que el día anterior, Gian, Jonathan
y Sherin, nos encaminamos a dialogar sobre Catolicismo, Islam y nuestras vidas
en una cafetería cercana y terminamos la charla en un parque del sector.
De Izquierda a derecha: Yo, Gian, Jonathan y Sherin.
Tomada por: Camila Mestra.
*La aventura llegó a su fin
Entonces mi pregunta de si estas personas eran
igual por dentro y por fuera de sus comunidades religiosas a simple vista se
confirmó, también el hecho de que al parecer ejercer su credo en un país donde
el Islam no es la religión “madre” no los limita ni les genera inconvenientes.
Sin embargo, hasta yo soy consciente de que quizás esta percepción solo sea un
pincelazo superficial de la situación, en donde sería necesario ahondar más en
su vidas. Aún así, logré comprobar para mí, que el Islam no es sinónimo de rigidez y radicalidad, sino de bondad y amor.
Quiero concluir esta bitácora etnográfica, relacionando
esta frase con la que puse al inicio, pues no han sido colocadas al azar.
“Cuando no se conoce personalmente a individuos de otros
grupos étnicos, religiosos o culturales, es muy fácil creer cosas horribles de
ellos y tenerles miedo.” – Michael Levine.
La cantidad de cosas que aprendí durante dos días,
se quedan cortas para ser plasmadas en estas páginas, no solo a nivel intelectual
sino también a nivel personal. Como sociedades y como seres humanos vivimos
llenos de etiquetas, y por nuestras etiquetas somos colocados en determinadas
posiciones socialmente. Quizás una de las cosas que más me marcaron de las
personas que conocí en esos dos días es ver tanta bondad y compromiso por
querer hacer el bien, el bien para la persona más cercana y más lejana, el bien
como ofrenda a Dios. Y sí, esto no es exclusivo de las personas musulmanas, o
de las que practican algún credo. Las “personas de fe” simplemente han
encontrado en Dios y en la fe, una herramienta para permanecer conscientes de que
solo en el amor se logra hacer el bien. Pero es algo que se puede hacer
independientemente en lo que creas o lo que seas. Siempre y cuando así lo
quieras. Darse la oportunidad de abrirse a las personas, ya sea simplemente
para escucharlas, para compartir con ellas, o para conocerlas un poco más, es
lo que poco a poco puede ir tumbando los prejuicios, estigmas, estereotipos que
nos dividen y nos destruyen como personas, y contribuir a que cada vez estemos
más cerca en lo que significa tener humanidad.
“EL CONOCIMIENTO, LA FE, PERO SOBRE TODO EL
AMOR, PASE LO QUE PASE, NO NOS LO QUITA NADIE”- Gian Jiménez.






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